Libros Gratis
23-January-2007
OpenCulture un sitio muy interesante, anunció ayer que existen 45 libros gratuitos (distribuidos bajo una licencia de Creative Commons) listos para descargar.
A primera vista esto parece perjudicar las ventas de las casas editoriales, pero Lawrence Lessig, quien tiene un libro entre este listado, comenta que se da un efecto contrario al esperado. Cuando las personas tienen acceso al contenido primero de forma gratuita, se verán más inclinadas a comprar la versión impresa.
La primera vez que supe sobre este modo de distribución de libros fue hace unos 3 años cuando me topé con un libro de Bruce Eckel sobre Java. Incluso el libro contenía un CD con una versión electrónica completa del libro para que los lectores la compartieran.
En lo personal, me parece que este modo de distribución podría aplicarse en otros ámbitos aparte de la publicación de libros. (De hecho, es una modelo similar al usado por los ditribuidores de shareware).
Creo que todo este tema tiene cierta importancia en relación a lo que comentó w.j sobre el valor del conocimiento.
Desde el momento en el que nuestros predecesor genealógico logró articular un sonido, hasta los últimos descubrimientos de la mecánica cuántica. La información siempre ha sido un conjunto de datos entrelazados que nos permiten cruzar el puente que une el sueño de una realidad. Más importante aún, es estar concientes de que la información tiene un precio que a veces, excede tanto nuestra realidad como nuestros mismos sueños.
El costo de la información va ligado directamente a su misma recolección, así como a su transmisión. Sin ir muy lejos, muchos de nosotros hemos tenido que comprar alguna vez un libro que, al analizar sin tanto detalle su costo por material físico, demuestra la relación directa que hay entre la complejidad de un contenido y nuestro dolor en el bolsillo. No es secreto, Guatemala no es un país que desarrolle o promueva (eficientemente al menos) el hábito de la lectura. Por ello, casi cualquier precio por hacer algo tan poco activo (aparentemente) es simplemente demasiado alto.
El precio del conocimiento
Sin embargo, hay ciertos temas que ameritan el que analicemos si realmente el conocimiento que se encuentra en un libro es realmente valedero de su precio. Tomemos por ejemplo, arbitrariamente, un libro de matemática, más específicamente, un libro de Cálculo. Sin tomar en cuenta de que el libro básicamente trae más dolores de cabeza que soluciones prácticas a la vida diaria, su precio puede variar desde los $40 hasta los $350. ¿Será este precio algo “razonable” por aprender del tema? Ese es un tema difícil de tratar, pero expongamos algunos puntos interesantes:
Primero, ¿quién quiere saber de cálculo? ¿Voluntariamente por lo menos? Académicamente, otorga un valor a nuestra forma de pensar, pues dada la metodología para enfrentar ciertas operaciones, vamos expandiendo nuestros horizontes mentales a la hora de la resolver problemas de tal forma que vamos aplicándolo más allá del cálculo mismo. Sin embargo, el cálculo no tiene ningún valor que pueda ser relacionado directamente con el dinero para poder otorgar un precio a un libro. Segundo, ¿cuándo necesitamos el cálculo? Digo, pocos de nosotros necesitaremos saber el volumen que describe una función rotando constantemente en un eje. Creo.
¿O si?
Una solución no tan evidente
El dilema del mismo, recae en lo que ha conllevado, a mi humilde criterio, a un ineficiente proceso de transmisión del conocimiento a nivel latinoamericano. En países desarrollados, el ir a la escuela es algo muy sencillo (para el usuario final). Los impuestos de los ciudadanos van subsidiando los costos del entrenamiento de un infante (impuestos de hasta el 55%). Muy bien, una persona aprende “gratuitamente” y el estado ve esto como una inversión a largo plazo redituable al poder facilitar una persona entrenada que pagará sus impuestos y esta subsidiará a la siguiente.
Ahora, en América Latina, la historia es un tanto distinta. Primero, el estado no subsidia con la misma fuerza el estudio. Lo que es peor, los impuestos que pagan los ciudadanos es considerablemente inferior a Europa y si no es suficiente, existe un porcentaje considerable de evasión de impuestos a la hora de la declaración de ingresos/egresos. ¿Dónde está el dilema? ¿Cómo es ineficiente la transmisión de conocimientos?
La ineficiencia en la comunicación de conocimientos de forma escrita en América Latina recae en el hecho de nosotros pagamos el precio de la eficiencia europea bajo la economía latina. En otras palabras, un autor puede invertir, digamos arbitrariamente, 5 años de su vida experimentando detrás de un microscopio, controlando pipetas y marcando platos de Petri y justificar bien una suma “razonable” por sus estudios y nuevos conocimientos. Dada la economía de los países desarrollados, esta persona merece la exaltación y admiración de sus colegas y así también, el reconocimiento monetario de su esfuerzo.
Pocos académicos latinoamericanos hacen esto (en América Latina), dado el sistema que fomenta poco (o casi nulamente) la investigación. Entonces, en lugar de realizar la investigación, pagamos por el libro que contiene la más reciente información y dicho precio resulta exorbitante a nuestro modesto presupuesto.
Opciones para más acceso a la información
Entonces: ¿Deberíamos luchar y velar porque estos autores (junto a sus astutas editoriales) se lleven tremendo pedazo de pastel con los precios que estos cobran para investigar y publicar sus recientes descubrimientos? O ¿deberíamos seguir pagando los precios exagerados, por lo menos a nuestro presupuesto latinoamericano? No hay respuesta simple. Si el pago por una investigación fuera poca, esto desmotivaría al académico a investigar y a la editorial a publicar y entonces causaríamos una desaceleración a los nuevos hallazgos que son tan fundamentales para temas tecnológicos y de salud que ahora son de tanta relevancia. Y si seguimos pagando los precios tan elevados para ciertos temas o libros, el conocimiento únicamente llega al que pueda pagarlo y dada la situación económica de América Latina (en su gran mayoría, en vías de desarrollo), entonces pocos tienen acceso a ella. Esto, seguiría fomentando la poca (y a veces mala) educación de nuestra gente que finalmente, nos estanca en economías agrícolas y poco capacitadas que no generan un progreso concreto para acelerar saludablemente nuestras economías.
La solución subyace más en los sistemas educativos de nuestra nación. El mal manejo de presupuesto, la poca constancia en tomar un enfoque y darle continuidad a largo plazo y las posibles reformas al peso del impuesto del contribuyente y su impacto en la educación del futuro.
Un análisis intenso y detallado del proceso de la comunicación/transmisión de conocimiento podría llevarnos a justificar una reingenría del proceso de otorgar valor al conocimiento, pero
¿quién nos pagaría por ello en América Latina?